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vendredi, 21 juin 2013

PAU: ALMUDENA GRANDES

Aquí tenéis dos textos elegidos para las pruebas de la PAU

INSOMNIO.
 
Cuando apareció el cadáver de Mari Luz Cortés, experimenté un síntoma físico peculiar. Fue como si la desolación vaciara mis huesos, porque los sentí repentinamente huecos mientras contemplaba las fotos de la niña, los rostros de sus padres, las imágenes de archivo del culpable. Mi cuerpo no respondía sólo al horror. También había rabia, impotencia, tristeza y, sobre todo, compasión en el sentido más clásico del término, el impulso de ponerme en el lugar de otra madre, de sufrir con ella, lo mismo que ella.
 
Hace unos días, las advertencias de Eduardo López-Palop, el juez encargado de la ejecución de las penas contra los maltratadores en Madrid, me devolvieron aquella conmoción. En un ejercicio de responsabilidad insólito en este país, donde la expresión "escurrir el bulto" parece integrar el decálogo profesional de cualquier cargo público, López-Palop decidió abrir a los ciudadanos las puertas de su juzgado, 7.000 sentencias pendientes de ejecución y sólo dos personas para tramitarlas, sin esperar a que sucediera una tragedia de la que justificarse. Su situación es tan intolerable, tan evidentemente vergonzosa, que no merece comentario, pero una de sus declaraciones volvió a suscitar mi compasión. Al llegar a casa, por la noche, y ver en las noticias que algún hombre ha asesinado a su esposa, el juez siempre se pregunta si será uno de aquellos a los que le ha resultado materialmente imposible meter en la cárcel, y esa noche no puede dormir.
 
En el discurso que pronunció al recoger el Premio Cervantes, Juan Gelman evocó al responsable del bombardeo de Hiroshima, que solía presumir de que durmió de un tirón esa y todas las demás noches de su vida. Mientras le escuchaba, pensé que el juez López-Palop bien puede estar orgulloso de su insomnio. A veces, las ojeras son una condecoración que no está al alcance de cualquiera.

Almudena Grandes.
 
 
 

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TONTA. 

No más muertes por petróleo. Ahora, cuando la oposición a la directiva de retorno ha convertido a tantos europeos en ingenuos desinformados y en demagogos irresponsables, recuerdo estas palabras, no más muertes por petróleo, escritas en todos los idiomas y coreadas por personas que, hace algunos años, merecieron las mismas descalificaciones por parte de quienes asumieron, con plena información y responsabilidad, la bienintencionada iniciativa de una guerra. Y lo recuerdo ahora porque, por fin, Irak ha puesto a disposición de las multinacionales de Occidente sus reservas de petróleo, las terceras en importancia del planeta, en plena crisis energética. No más muertes por petróleo.

A mí, lo que me gustaría de verdad es ser tonta. Creer que Bush creía que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva. Creer que Aznar y Blair le acompañaron en su buena fe. Creer que la situación en Irak es hoy mejor que antes. Creer que la liberalización del petróleo iraquí no tiene nada que ver ni con la guerra de entonces ni con la paz de ahora, esa paz repleta de bombas, de hambre, de miseria, de suicidas, de epidemias, de viudas, de huérfanos, de muertes, y muertes, y más muertes sin fin, en la que los generales estadounidenses se afirman con orgullo victoriosos. De verdad que me gustaría creérmelo, aunque sólo sea porque Repsol es una de las empresas que van a competir por el sangriento botín de aquella cruzada emprendida a favor de la democracia y los derechos humanos del pueblo iraquí.


Claro que, quizás, ni siquiera la estupidez sería suficiente. Porque hasta si yo fuera tonta, pero tonta de remate, me preguntaría cómo es posible que los libertadores de un pueblo oprimido lo arrasen primero para arrebatarle su riqueza después. Y eso me convertiría en una ingenua desinformada, una demagoga tan irresponsable como si fuera lista.

Almudena Grandes.

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